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martes, 12 de abril de 2011

Algo antiguo ya..

Es tan sencillo coger cariño a alguien que cuando sientes que lo quieres no te extrañas, simplemente, eres feliz.
Sonríes a cada instante para que esa persona también lo haga. De vez en cuando lloras de alegría, hace tonterías tan infantiles, para borrar tu carita triste, que no puedes evitar reír, mostrar tu linda y amplia sonrisa. Te hace feliz.
Es que es tan inexplicable y bonito, pero simple y extraño, todo se contradice a su lado, aun así, te encanta.
El corazón y la cabeza son incompatibles, mientras que el corazón late más y más fuerte cuando él se te acerca, tu cabeza entonces se queda en blanco, descolocada. De nuevo estas feliz.
Y cuando roza tu mano, entonces ya desaparece todo, solo quedáis él y tú, debajo de la lluvia, mirándoos a os ojos como si nada existiera, el tiempo se detiene. Otra vez más, hace que seas feliz.
Y cuando estas apartando los cojines para meterte en la cama, sola. Se asoma por el marco de la puerta enseñando sus ojillos, uno de los motivos por los que te enamoraste de él, con una de esas famosas sonrisas tan sumamente irresistibles. Ahora no estás vacía, estas en su fantástica e insustituible compañía. Se agradece desde luego, siempre ha llenado tus huecos, empezó en la cabeza, únicamente piensas en él, y termino en el corazón, él ahora es tu razón. Vuelves a ser feliz por su culpa.
Y mientras estás sentada en un banco del parque, esperando porque llega tarde, le perdonas, claro está, cosas así no tendrán la más mínima importancia mientras haya algo más fuerte que os una. Aparece y te deslumbra con el ramo de rosas más perfecto que jamás has visto. Se parece a él, las rosas son rojas como sus dulces labios y huelen tan bien como su aliento cuando se va acercando a ti admitiendo que te ama. Como siempre te hace derrochar sonrisas, eres feliz.
Pero, ¿y cuando te acaricia si despiertas en mitad de la noche porque has tenido una pesadilla? Te seca la lágrima y te avisa que nunca te ocurrirá nada, él te protegerá.
¿Y cuando llega a casa de trabajar y te besa? Ese gesto es tan tierno que hace que te ruborices, y tus pómulos adquieren un cierto tono rosado precioso.
¿Y cuando te mantiene firme, sujeta por la cintura al caminar? Estás muy segura, no tienes miedo a nada.
Es como tu ángel de la guarda, siempre está a tu lado cuando lo necesitas, sea donde sea, él va contigo aunque no lo veas, está ahí.
No te hace feliz, te enseña lo que es la felicidad, la guarda en tu bolsillo y no la deja escapar. Esconde las lágrimas en el baúl para que tú no las puedas encontrar y así siempre seas feliz, si tú lo eres, él lo será.
Y ahora pides perdón a la vida por sustituirla por su existencia.

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