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miércoles, 25 de mayo de 2011

Hating myself.

Mi verdadero yo, mi persona, yo misma en todos los aspectos; me odio.

Me odio por ser como soy y no tolerarlo, por no saber entender que nadie puede cambiarme, por creer todo lo que me dicen los demás, por dejarme llevar por sus comentarios ofensivos. También, soy la típica chica que promete y luego cumple con ello aun sabiendo que puede que la otra persona no haga lo mismo después, la misma que llora cuando está sola porque no puede dejar ver a la gente lo mal que lo está pasando, a sabiendas de que se enterarán tarde o temprano. Soy aquella que no tiene vergüenza con la mayor parte de las personas, pero que se recata demasiado con quien no tiene que hacerlo, la que suelta palabras malsonantes y a veces sin sentido hasta el punto en que la llamen ‘basta’ y opta por callarse la boca, de hecho, debería de hacerlo más a menudo para no decir cosas que no debo. La que viste y calza de chica ‘friki’, porque de eso me han calificado muchas veces, la que lleva pantalones anchos para que no se vean sus grandes piernas y la que oculta tras una chaqueta esos brazos que detesta; esa que se equivoca mil veces en un mismo examen, pero rectifica y termina por hacerlo bien, sin llegar a enorgullecerse por ello; la que decide por su propio pie con qué pedrusco tropezar, y cuales otros dejar atrás seguidamente de haberlos pisado, resbalado y caído por su culpa, teniendo que apoyarse después en 611 kilómetros que le ayuden a seguir caminando ya  levantarse.

¿Qué es lo peor de todo? Saber que en el fondo a la gente no le importa nada cómo sea, sino como piense y sienta, cómo actúe en las situaciones difíciles, y si sé o no, ser una buena amiga cuando me necesitan. Pero yo prefiero encerrarme en mis jodidos ideales que no provocan más que mal humor y daño de todo tipo, a parte de mí, quienes me rodean. Y lo siento, pero me es sumamente complicado decir ‘soy así, soy como soy, y a quien no le guste se tendrá que aguantar’, ¿por qué? No sé. 

martes, 24 de mayo de 2011

Día para tirar cohetes.


Pienso que la única manera de expresarme es esta, escribir en un papel todo aquello que siento, que sé o quisiera saber. Y es que terminaría reventando si me quedara callada. Me harían explotar tantas cosas, tantas situaciones y tantas formas de pensar que algo así no sería ni comparable con la gran bomba de Hiroshima. 

A veces siento ganas de evadirme, de marcharme de este mundo que tanto daño me hace, de separarme de personas que tan solo logran hacerme llorar, de gritar y hacer saber a todos que me han tratado como si fuera pura mierda durante mis 16 años.

Me clavan pequeñas espinas en la lengua consiguiendo así que me calle, me azotan con frases que puedo repudiar, de hecho, lo hago. Son conjuntos de letras que forman lo que a muchas personas haría llorar, lo que a otras tantas les resultaría escalofriante y lo que tan solo a unas pocas, absentas de sentimientos, transmitiría indiferencia.

Y es que llega a producir un dolor tan punzante y agudo esas pequeñas cosas, esos detalles, esas mentiras y a veces hasta las verdades, que prefiero hacer de oídos sordos y centrarme en lo que apenas produce efectos adversos  o secundarios sobre mí y toda mi persona.  El inconveniente es que colocar las manos sobre el aparato auditivo es sencillo, lo que no, es conseguir que mi corazón tampoco escuche.

lunes, 23 de mayo de 2011

Decepción.

A veces no actuamos como queremos, no pensamos lo que hacemos, ni decimos lo que deseamos o lo que, contrariamente, repelemos porque de la manera más cruel nos hace daño.
Nos callamos tantas cosas al cabo de los años que un mudo podría haber dicho más que nosotros. Todas aquellas frases que obviamos, palabras que olvidamos, letras a las que robamos el sentido para poner de excusa que de que nos hemos desviado del tema, todo, las letras, interrogaciones, puntos a parte y comillas, son aquellas cosas que provocan la decepción en muchas ocasiones, en mi lugar, casi incontables.

Cuando la gente confía en ti, saben que lo lograrás, que cumplirás lo que llevas años y años haciendo, y de repente hay algo que hace que los planes fallen y se tuerzan. Ya no hay meta, no hay carrera, ni premio, todo se ha quedado en un intento de lo que llegó a ser nada.

Clase de educación fisica

Cuantas veces he pensado que el mundo me estaba intentando arruinar la vida, que quería acabar con ella y hacerme sentir así de la manera mas precaria...
Pero a veces, cuando medito, cuando dedico gran parte de todas esas horas del día, y cuando paso algunos minutos, posiblemente los mejor aprovechados, para decirme a mi misma: '¿Y por qué a mí?'
Entonces es cuando me doy cuenta de que lo que en verdad desea mi 'Destino', aquello en lo que yo creo, es hacerme entender que la vida no es facil como suponemos, que tiene muchos baches, que hay cosas que nunca vamos a saber y otras tantas que no querremos.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Sin más.

El miedo; pero no el miedo que te provoca el despertar de una pesadilla en plena noche, ni el que sientes cuando al cruzar una carretera y el coche que iba a pasar frena de golpe haciendo que las ruedas chirríen. Es un miedo más profundo y con más sentimiento que todo eso. Puede ser temor por perder a alguien, o miedo porque te lo arrebaten.
Y es que creo que nadie puede llegar a hacerse a la idea de lo que me concome por dentro ahora mismo. No quiero que todo acabe mal, quiero ser feliz al lado de esa persona tan especial e importante para mí, y seguir así meses y meses, hasta años; si por mi fuera, la vida entera y más allá de ella.
Supongo que mi inseguridad, la poca confianza que deposito en mi misma hace que sienta esto tan desagradable, pero todos esos miedos y ese ‘no me gusto, me odio’ desaparecen cuando estoy con él, por eso me cuesta tanto tenerle lejos, y continuar con los mismos pensamientos de cuando estaba aquí.
En resumen, lo último que deseo es que lo aparten de mi mundo, que sé que él no se va a dejar, joder, que confío en él, mucho más que en mi misma. Pero la idea de que por todo lo pasado, ella siga en las mismas, e intente algo, que no permitiré que ocurra, me hunde poquito a poquito. Que le quiera, que quiera algo más, pero eso será ella; porque sé que él no, me ha dado motivos suficientes como para saber que me quiere de verdad, tanto como yo al mismo.

lunes, 16 de mayo de 2011

Mi propio yo y lo referido a mí.

Mis recuerdos están hambrientos, necesitan de tus caricias para que llenen el vacío que el tiempo ha dejado en ellos; tiempo que secuestra días enteros para transformarlos en años cóncavos y deformes. Mis memorias están sedientas, sedientas de tus besos, de cada uno de ellos, los que a punto estuvieron de ser suplantados por el golpeteo de las manecillas de ese reloj que tan pausado avanza, que acopla su movimiento al sordo y triste sonido que provoca el supuesto órgano principal que todos poseemos, que para mí, es algo secundario. Mi cabeza está en cualquier lugar menos donde debería de estar, no piensa, no actúo; no echa a andar, no avanzo. Es como si se hubiera fugado o marchado de vacaciones sin avisar en ningún momento de que quien guía mis sentimientos, los dejaría sumidos en el mayor desamparo. Un pensamiento, ¿el que una persona desconocida pudiera averiguar en mi estado de ánimo? ¿Sin que me conozca? ¿Y sin saber nada de mí? El anhelo. Extrañar algo que he tenido durante tan poco tiempo, algo que posee un perfume que embriaga hasta hacer florecer a lo más marchito que en tierra habite, cuyo perfume aún no ha quedado plasmado en mi piel de ninguna forma, ni de la más sucia, ni de la más hermosa.

Y ahora lo más fundamental, el colectivo que forman todos aquellos elementos abstractos que anteriormente he mencionado; yo, yo misma.  La persona que detesta el sonido de ese medidor de tiempo por el simple hecho de que no quiso frenar o aminorar su paso conforme de rodillas se lo pedía; la persona que echa de menos momentos de un pasado cercano y que espera de la manera más impaciente rememorarlos en el futuro que más tardará en aparecer frente a sus ojos; la misma que lucha contra carreteras, que mueve montañas, la que pasa de comentarios haciendo de oídos sordos aun sabiendo que tarde o temprano esas palabras taladrarán su cabeza, que se alimentarán de lágrimas imaginarias que retendrá por miedo a que le hagan más daño del debido o del que pueda llegar a pensar; aquella que tan solo pretende estar a la altura en cualquier ocasión, llegando a obrar de la manera más estúpida con su consecuencia respectiva. Y es que yo tan solo soy una chica que piensa más de lo normal, demasiado, que estudia cada centímetro que recorre de camino al colegio para entender por qué esos chicos llegan antes que ella, yo soy de las que en clase se quedan mirando un punto fijo e imaginan su vida como en verdad quieren que sea, aunque por suerte, en mi caso, se asemeja. Soy de las que nunca piden un regalo por su cumpleaños porque los más importantes son de los que se rodea día tras día, soy de las que le da más importancia a una sonrisa sincera que al mayor diamante del mundo.

Y nadie se da cuenta de que siempre intento ser como los demás esperan, pero que al fin y al cabo no soy de esa manera. Tampoco nadie se percata de que tengo más ideas en la cabeza que cartas pudiera bajo la manga, más lágrimas ocultas en pañuelos de papel que mentiras plasmadas en la que no es mi propia piel. Ni una persona llega a recibir la información de que gracias a mis ideales ahora soy lo que soy. No hay nadie que llegue a entender que mi cabeza y corazón no cambian de parecer.

viernes, 13 de mayo de 2011

Esta tarde he visto a un hombre. Pero no uno cualquiera, tenía la cara desfigurada, posiblemente como si se hubiera quemado, pero quemado de una manera escalofriante, impresionaba su rostro. De la mano derecha le faltaban todos los dedos desde la altura del nudillo; la mano izquierda, agarrotada, apenas podía sostener a su hija cuando se ha dirigido a él.  

¿Os imagináis lo duro que tiene que ser que tus hijos te vean en esas condiciones? Que mucha gente te tenga asco, que los más pequeños e inocentes piensen que eres el ‘malo’ que se los llevará si no se portan bien. Me pongo en su lugar y realmente me entran hasta ganas de llorar. Es impotencia por no poder ayudarle, por no conocerle y así hablar con él, sobre qué le pasó, sobre qué podría yo hacer para que se sienta mejor. Esas ganas de no ser alguien más en el mundo y ser por unos momentos alguien importante, en quien confíe, en quien se atreva a dejar a cargo a sus pequeños, a quien le cuente todo cuando no se encuentre en sus mejores condiciones.

Y es que no nos damos cuenta, pero la vida no sabemos valorarla. Ni siquiera nosotros nos valoramos, y sí, me incluyo en el grupo. Durante el tiempo que he tenido a mi alrededor a ese chico me he sentido bien conmigo misma, en el sentido en el que, a él le daba igual lo que pudieran pensar los demás ¿por qué a mí no? Pero las cosas cambian rápido, y los pensamientos con ellas. Ya no, ya no me creo bonita, y nuevamente me vienen todas esas ideas a la cabeza que no llevaré a cabo por pura promesa a alguien que amo. Pero es que duele, duele verte tan mal  a ti misma, y darte asco, y no quererte, y pensar que eres más torpe, y menos habilidosa por el simple hecho de pesar unos cuantos kilos más que la gente que te rodea. Lo peor de todo es que todos te dicen ‘aprende a vivir con ello, importa el interior’ y cuando vas con ellos por la calle, señalan a alguien diciendo: ‘pero como ha engordado’. Me resulta repugnante la forma en la que muchos miran a otros tantos, si tan poco te gusta ¿por qué miras? ¿Alguien te lo ha pedido? ¿Te han puesto una pistola en la cabeza para que lo hagas? No, pues te callas, agachas la cabeza y cuando aprendas a sentir, a pensar y a ser, juzgas entonces.

jueves, 12 de mayo de 2011

Alejarse.

Correr lejos y evadirse de este cruel mundo. Salir de entre las sombras para verlo todo con mayor claridad y darse cuenta de que existe algo más que ese pequeño cuarto a oscuras en el que nos encerramos, apartados de todo lo que nos rodea, de quien nos hiere, de aquello que tanto nos duele, manteniéndonos en un estado grisáceo y temporal de monotonía absoluta.

Porque a veces podría gustarnos volver a ser pequeños, a pasar de todo, a preocuparnos de poco más que de nuestros cromos y de molestar a nuestro hermano mayor cuando nos apetezca. Pero hay cosas imposibles, aunque la gente no quiera reconocerlo, y volver a tener cinco años es algo inalcanzable.

De todas formas, siempre podrá quedarnos el recuerdo de lo que un día fue y no volverá a ser, de lo que tampoco está siendo ahora, de lo que llegamos a echar de menos de vez en cuando. Esa inocencia, esa manera de mirar hacia delante porque nada nos hacía mirar hacia atrás, esa forma en la que camelábamos a nuestras madres para pedirles juguetes o gominolas, o esa otra forma de levantarnos del suelo cada vez que caíamos.

El problema es que nuestras caídas ahora son más dolorosas, más relativas y con menos sentido literal. Ahora necesitamos la mano de otro alguien que antes podía ser nuestro padre, ahora crecemos con el miedo a tropezarnos una vez más con la más tonta y repetitiva piedra, ahora nos centramos tan solo en lo que queremos y a la vez odiamos, porque lo que más nos perjudica es lo que más tenemos en cuenta. ¿Huye un niño cuando un gorrión se dirige a él? No, lo asusta, se dirige a él y grita, grita bien alto para que todos le puedan oír, porque está ahí, porque hace acto de presencia, porque no se deja avasallar por nada ni nadie, porque tiene más coraje que nosotros hoy día, porque vive la vida, porque sabe aprovechar el momento sin haber estudiado literatura ‘carpe diem’. 

martes, 10 de mayo de 2011

TURBULENCIAS SENTIMENTALES FATALES

Pensaba que el mundo le gastaba una broma, que estaba teniendo otra pesadilla más, que tal vez se habría quedado dormida en la misma avenida del local donde trabajaba y la casa donde vivía, incluso de pie; aunque ya no se encontraba en esa postura. Se dejó caer en el suelo, terminando con las rodillas clavadas en él y reposando el trasero sobre las piernas, con las manos sobre los muslos y mechones de pelo agitándose sobre su rostro, ese día el viento quería dar guerra. Esos ojitos verdes que tanto llamaban la atención, ahora lo hacían por otra cosa que no era su tamaño y color, se llenaban de lágrimas, de gotitas de agua se podría decir, muchos la compararían con un sauce llorón. El teléfono móvil tirado en el suelo, lo había dejado escapar de entre sus dedos inconscientemente, noticias así dejan a una hecha polvo.

Nunca había pensado en la manera en la que iría a perder a la persona que más quería, pero hacerlo de esta forma, era realmente asombrante, no contaba con ello, esto no se hallaba dentro de sus planes. 25 años, apenas 25 años recién cumplidos tenía la muchacha y ya había dejado atrás toda una vida junto a la de aquella persona. Sí, ese tipo de gente que te lo da todo en una sonrisa, y que en esa sonrisa puedes entrever pequeños pedacitos de felicidad correteando alrededor de la comisura de sus labios. Sí, esa sonrisa, y esos labios, finos y carnosos, siempre en perfecto estado; sentir que te rozaban era un pequeño regalo adelantado del día de tu futuro cumpleaños, si es que para entonces vivías aún. Y la supervivencia se pone en duda porque no han quedado supervivientes a algo así, a un sentimiento tan doloroso pero sincero, tan inexplicable.

Este sentimiento no es demasiado común, es inusual totalmente entre la raza humana (suponiendo que exista alguna otra), tan solo unos pocos, que se podrían contar con los dedos de una mano, podrían experimentarlo en algún momento de sus cortas vidas. Pero ella, ella había sido la elegida entre esas pocas, le había tocado entre unos pocos millones de personas. Todo tiene pros y contras, en este caso hay más contras que pros; una vez que caes ya no sales del barullo que puede llegar a crearte, mezclas pensamientos y sentimientos sin control alguno de tu mente y corazón, no estás segura de cómo te sientes, tan solo sonríes o lloras, porque es para lo que has entrado en este juego. Por otra parte, la sensación que te provoca de bienestar totalitario es algo que califican de impresionante, inefable, increíble, incluso imposible según muchos; y es que una cosa como tal no es para tomársela a la ligera.

En fin, ahí se hallaba la chica, en el mismo lugar, tan solo había cambiado la hora y el ambiente. Ahora un grupo de ancianas y algún que otro adolescente la rodeaban, dándole pequeño golpecitos en los hombros para que ‘despertara’, llamando su atención casi gritando, se podía respirar el nerviosismo y escuchar el débil latido de un gran corazón que pronto dejaría de mantenerse en vida. En estado de shock, mirando a un punto fijo que puede que ni siquiera llegara a existir, que lo hubiera creado ella porque tenía poder suficiente para ello. A los minutos ya se oían sirenas, puede que la policía o los servicios sanitarios acudieran a ayudarla aunque de nada serviría tanta molestia si su vida entera se había esfumado así, de repente, sin motivo aparente.
Y es que a ella, a la jovencita morena de ojos verdes, tan hermosa como aparentaba, le había tocado sufrir lo que en verdad era estar enamorada. Pero no decirlo y creer que se siente, ni publicarlo en todos los lugares posibles y fotografiar momentos para que todos puedan verlo y sentir esa envidia tan poco sana que todos siente alguna vez por no estar en su lugar y pensarse que en verdad esas personas son felices. Era amor de verdad, era un sentimiento que merecía la pena poseer en tanta cantidad, era esa sonrisa que él le había dedicado desde la cama, tumbado, mientras ella salía de la habitación hasta pasar bajo la puerta que separaba su mundo del real, el de ambos, del difícil y complicado llamado día a día, rutina. Tras ello, unos cuantos minutos después, había recibido una llamada, la que había dado un giro a su presente, ahora color sepia, como si fuera un pasado que ya no tendrá futuro. Un familiar del amante decidió visitar al joven, éste yacía muerto en el lugar donde su chica le había dejado, entre aquellas sábanas color granate que llevaban inscritas en una tinta transparente y relativa: ‘Aquí se encuentra, petrificado, sin condición alguna de difunto, el único chico que en este pequeño mundo aprendió a amar de verdad, y el único que consigo, petrificada, se lleva a lo que antes era su alma gemela, a partir de ahora no serán nada.’

Amor verdadero, amor que duele, amor de tontos y que les llevó a la muerte.

Natural como la vida misma.

Porque yo soy como soy y no soy nadie más. Porque yo no aparento y me oculto tras algo que nunca seré.

Tacones, minifaldas, piernas esbeltas y delgadas, ojos preciosos, pelo perfecto y peinado sea la hora que sea, nada de dulces, hola verduras, dinero en maquillaje, armarios de ropa que nunca más te pondrás, perfumes caros, docenas de pendientes, egocentrismo, avaricia, egoísmo y superficialidad.

¿Y ese monstruo que solo piensa en sí mismo, que le importan una mierda los demás y que tan solo vive para creerse mejor, es una chica ideal y/o hermosa? Hacedme el favor de repetirlo dentro de unos años; cuando sepáis de qué habláis, cuando tengáis consciencia de lo que es una mujer y cuando hayáis tocado alguna que sea de verdad.

Detesto la gente superficial, es asquerosa la forma en la que te pueden llegar a mirar, y en unas pocas palabras hacerte sentir como el culo de este pequeño mundo, que algunos dicen que es bonito y yo cada día lo repelo más. Es tan extremadamente doloroso ver cómo se burlan y ríen de ti o de otra gente, como hacen hasta lo imposible por machacarte hasta hacerte explotar, y entonces carcajearse con mayores ganas al haber logrado el propósito de hacerte daño…

Así que ¿sabéis qué? Confiaré en vuestra palabra cuando aprendáis a ser personas y seréis personas cuando confiéis en vosotros mismos; pero vosotros de verdad, sin tapujos, sin engaños ni trampas.

Fdo: La naturalidad de mi persona.

domingo, 8 de mayo de 2011

Recuerdos.


Que cada rincón de este gran pueblo o pequeña ciudad me recuerda a ti.
Que no hay esquina que no hayamos visto, escaleras que subido y rampas en las que me tropezara contigo.
Que no nos faltaba ningún lugar por el que pasar, ni una calle, ni un parque, ninguna pequeña plaza donde los cotilleos comenzaran a surgir.
Porque todo este lugar me recuerda a ti.
Porque son testigos de los abrazos eternos y de los besos que pudimos reprimir.
Porque cada centímetro de este sitio extraña tus pasos y porque yo extraño darlos contigo.
Y es que cualquier metro cuadrado que pueda pisar hoy día hace que tu recuerdo me venga a la cabeza.
Y es que no sé como puedo seguir adelante si no sostienes mi mano.
Y es que no me hago a la idea de ''un Hula-hop'' sin ti.
Y es que salir de casa supone algo más difícil que la vida misma.. Y es que tengo que vivirla, de momento, sin la razón de ella.

sábado, 7 de mayo de 2011

¡Siéntete imperfecta!

¿Por qué pretendes ser perfecta? ¿No te has dado cuenta ya, de lo aburrido y cansado que es hacerse pasar por quien no eres? Aparentar, es engañarse a uno mismo.

Húrgate la nariz, y mírale el culo al tonto del pueblo, cuando salgas del baño llévate un trocito de papel higiénico pegado a la suela del zapato y tropiézate siempre en el último escalón y cuando más gente tengas alrededor. No te enteres de los chistes y ríete sin ganas como si lo hubieras entendido; grita de una acera a la otra para que te oiga tu amigo que va con los cascos puestos, y dile a la cara que detestas la canción que escucha, que no la soportas, no mientas y digas ‘’Oh sí, es que me encanta’’ tan solo por quedar bien, di lo que piensas, piensa lo que dices. Deja que el sábado tus medias acaben con más carreras que las que un coche de fórmula uno puede realizar en toda su larga vida como vehículo, deja que se rompan, y que se hagan agujeros en ellas. Permite a tu madre que por equivocación lave tu camisa roja con lejía, está a la moda, es lo que se lleva; que cuando llueva se te rice el pelo, y el rímel termine en tus mejillas; atragántate cuando estés comiendo con tus amigas y escúpele un grano de arroz a la cara a la más pija de todas; no dupliques letras cuando escribas en cualquier red social, no eres más importante por ello; tósele a un profesor en la cara justo después de haberle dicho que por tercera vez no has hecho la tarea. Y ante todo, lo primero que debes de hacer para ser la persona más imperfecta, y feliz a la vez, dentro de este pequeño mundo lleno de hipocresía y superficialidad, es enamorarte.

Enamórate y siéntete especial, única, aunque seas una más, aunque puedas ser otra chica que besará sus labios durante un tiempo. ¡Siéntete especial por ello! Por decir cosas bonitas y cursis que sabes que puede que le aburran, por ser tan absurdamente enamoradiza de cualquier chico que te muestre su corazón tal y como es, por contarle todo lo que te pasa aun sabiendo que sus consejos no son lo mejor que hay, por quererle. ¡Siéntete especial por querer a alguien que no eres tú misma! Por no ser tan perfecta como te pensabas y creer ahora que la perfección es él.

22.4.2011

Era difícil hacerse a la idea de algo así, de algo tan impactante, algo casi increíble, imposible.
Los días previos fueron espantosos; nudos en la garganta, mariposas en el estómago, sudor frío, nerviosismo...
Pero sobre todo, felicidad.
Una felicidad enorme, casi tan grande como las ganas que tenía que pasara.
Y cuando me dijiste que estaba todo listo, me fui preparando para lo que sería uno de los días más importantes de mi vida, uno que me marcaría para siempre, que me dejaría huella, la huella del antes y el después.

Una sensación tan extraña que no creo que la pueda describir, y es que es totalmente inefable tal mezcla de sentimiento.
Nervios, miedo, sonrisas que se plantan en tus labios las 24 horas, pensamientos que no dejaron de rondar por mi cabeza, ''¿y si no va todo como creemos?''. No, fue mejor que eso, fue tan imperfecto que a veces pienso haberme enamorado de todos esos segundos, de cuando mis ojos se dirigían de un lado a otro gritando ''¿qué hago yo ahora?''.
Era demasiada presión en el pecho, mi alma se había fugado, soñaba cosas tan inmensamente bonitas que resultaban irreales; mi corazón ocupaba el doble de lo habitual, contaba con el tuyo también, había dado un vuelco, tenía miedo de que en cualquier momento saliese por mi boca en forma de frases. Palabras absurdas, y sin sentido relativo que uno suelta cuando se siente de esta manera, porque no puede callarse algo tan fuerte.

Escaparse.

 Ven conmigo, vamos a fugarnos lejos, a escaparnos del mundo, a encerrarnos en el nuestro. Quiero fundirme en tus caricias y sentir tus labios una vez más. Estréchame entre tus brazos y no me sueltes, no quiero que lo hagas, me siento tan extremadamente bien cuando estás cerca, cuando noto como erizas mi piel y me pones los pelos de punta tan solo abrazándome, que espero que se pare el tiempo, que las agujas se detengan, las arrancaría para que los minutos dejaran de pasar.

Despertar a tu lado y que cuando abra los ojos lo primero que vea sea tu rostro, besar tus labios una y otra vez, ese beso de buenos días que tan dulce sabe, y entonces recordar que tu boca es mía y que la mía será tuya siempre que la quieras.

martes, 3 de mayo de 2011

Dolor.

¿Por qué recordamos lo que más daño nos hace? ¿Es que el sentimiento doloroso es más fuerte que el realmente conmovedor? ¿O es que somos tan extremadamente ignorantes que nos gusta pasarlo mal sin motivo aparente?

Siempre que me pasa algo; algo tremendo, algo que llega a quitar la respiración y hacer que el corazón deje de realizar dicha acción, algo que parece que te consume como si fueras una pequeña vela en el sótano más profundo y oscuro que pueda existir en centro de la tierra; cuando ocurre algo extraño, confuso y lleno de lagunas e interrogaciones, que tan solo esperan la respuesta a todas y cada una de sus preguntas; entonces es cuando me paro a pensar y meditar el por qué de lo ocurrido, de ese suceso, de esas palabras o de esas imágenes, pero solo si aquello ha producido un quemazón en mi piel, dejando marca, rastro, doloroso como de costumbre.

Y es que hay cosas que no llego a entender ni yo misma, aunque conmigo tengan que ver. ¿Por qué me martirizo con problemas y demás quebraderos de cabeza? O mejor dicho ¿por qué tres cuartas partes de nosotros sólo se centra en lo negativo y se encierra en su mundo, a oscuras, teñido en blanco y negro?  A veces creo tener la respuesta a ello, ya que, más que nadie, soy de ese setenta y cinco por ciento que se basa en los pensamientos más tristes y recuerdos, que con mayor motivo, tendría que haberlos olvidado antes que ningún otro.

Mi teoría es la siguiente: ‘quien te quiere te hará llorar’, qué gran verdad, grande como una catedral. Y es que, cuando quieres a alguien y hace o dice algo que no resulta de tu agrado, que te  hiere, molesta o enfada, terminas derramando alguna que otra pequeña lágrima, a excepción de algunos seres que habitan el lugar y parecen ser de piedra. Lo que he llegado a pensar es que no sabes quedarte con lo que merece la pena, y apartar a un lado lo que provoca a veces que eso tan positivo y que de tanta felicidad te llena desaparezca o se esconda temporalmente.

Y sé que los sentimientos no se controlan, pero la cabeza por lo general, sí. Puedes elegir qué pensar, decir, hacer o querer; en qué arriesgar, a sabiendas que solo el futuro decidirá si ganar o perder; de qué manera equivocarte; cómo  y cuántas veces tropezar con la dichosa y entrometida piedra. 
También es raro darse cuenta lo poco que valoramos las sonrisas y cuantísimo dejamos que nuestros ojos lloren, deberíamos de ser más conscientes de la importancia de la felicidad en las veinticuatro horas diarias que nuestro corazón pide a gritos un poco de ella.

domingo, 1 de mayo de 2011

Egoísmo, mentira y soledad.

Porque cuando algo pasa, de diferentes versiones se habla, y de todas esas palabras que dicen, a nosotros solo nos escusa el índice.
Con ese conjunto de letras nos tratamos de dar la razón, señalándonos con el dedo; ¿cómo iba a ser yo?
Y es que el egoísmo dicen que es un pecado, bastante atractivo al parecer, porque todos mentimos por él.
Porque sin preguntar a la cabeza hablamos, decimos palabras que ni intentamos, nos creamos la idea de un mundo perfecto y todo se viene abajo, después todo en un momento.
¿Por qué lo hacemos todo tan complicado? La mentira no es cierta, la verdad es pecado. No hay nada más falso que lo cierto parece, cuando lo piensa siempre quien menos nos conviene.
Cada beso, cada suspiro, incluso cada sonrisa, puede que solo sea una simple palabrería, y es que ¿cuántos nos dicen te quiero? Ya, ¿y cuántos lo dicen sabiendo que es cierto?
He tratado varios temas, el principal ha sido la mentira, ya sólo me falta hablar de lo que a todos nos arruina la vida.
Porque la soledad persigue a cada uno, hace de nuestro día un oscuro sueño nocturno.
Cada mañana que llueve, cada noche que llora, cada sombra que se mueve detrás del reloj al marcar la hora.