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sábado, 10 de septiembre de 2011

Miedo; Fear.

Y así lloraba, así tarareaba el dolor, y componía pentagramas encharcados, y llenando canciones con notas transparentes como lágrimas, pronunciaba palabras con el poco aliento que su cuerpo le permitía malgastar, parecía que cantaba, y las vibraciones que transmitía su frágil voz eran tan punzantes como la presión que sentía en el pecho.
Algo que carecía de sentido por completo, algo abstracto, pero que se volvía complejo a la hora de descifrarlo; una cosa que nadie entendía ni entiende, que ni el más sabio, ni el más anciano podrá descubrir en su amplia extensión; no era un individuo, pues carecía de cerebro, una simple planta tampoco era, pues no tenía nada de hermoso, ni un animal, ni un objeto inanimado.
Ella no entendía el por qué de todo aquello, ni si quiera sabía si en verdad era un sentimiento, pero algo le empujó a gritar lo que le reconcomía las entrañas desde hacía ya días. Gritó y gritó, y unas gotitas de sangre acompañaron a la caída de esas lágrimas logrando así que su corazón quedara libre de tal condena que la había llegado a creer eterna y crónica.
Tan sólo miedo, el miedo a las alturas, al compromiso, a las arañas, a decir la verdad, el miedo a no saber lograrlo por tu propio pie, el miedo a confundirte y obrar mal, a quedarte en blanco en un examen, a tropezar por la calle a sabiendas de tu poca agilidad, a no llegar a subir el listón tanto como necesitas, a que no te admitan en la universidad que deseas. Miedos como el de pronunciar un ‘te amo’, como el de hacer algo por primera vez, como el que se tiene al fuego, o a volar, o a ir en tren, el miedo que te susurra al oído un ‘ten cuidado’ después de haber tenido un accidente, y volver a pasar por aquel paso de peatones que tantos recuerdos aguarda.
Esa sensación horrible que provoca escalofríos y el nacimiento de gotitas de sudor en la nuca y frente, la misma que tanta gente piensa casi inexistente, o ridícula, de cobardes; pero no saben que ellos ya han pasado por situaciones en las que taparse la boca con la mano y evitar pegar un grito al ver una cucaracha era algo comprensible, también lo era negar con la cabeza al escuchar esas dos palabras de la persona por la que sentimos lo que negamos.

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