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sábado, 21 de abril de 2012

Piénsalo en tercera persona, en primera duele más.

Cuando dice que no le pasa nada es mentira, pero la cualidad del engaño es algo que nunca se le ha dado bien.
Y no bastan las preguntas, no son suficientes sino dejar de avasallarla con ellas. En su mano está responder y recordar lo que tanto daño le hace y tanto sufrimiento le provoca, pero nunca estará en sus labios el permiso a sí misma de decir todo aquello. Porque no quiere sentirse mal, porque tiene miedo de esa horrible sensación que la recorre cada vez que nombra algo que con él tiene que ver.
Está claro que es su mente la que no le deja actuar, pero su corazón, por milésima vez consecutiva, adquiere el papel de cómplice protagonista.
Negar, negar y gritar, respirar tras un silencio, sonreír sin ganas, negar por última vez, negar y llorar después. No hay más órdenes que acate, que siga, que respete, a las que haga caso; no existen palabras que la vuelvan diferente, ni risas que la logren sonriente. No hay alegría, no hay felicidad, no hay tristeza, no hay nada más que un cuerpo sin alma, que una belleza sin confianza.
Es algo más que complicado conseguir una sonrisa de su boca, de sus labios, de sus ojos si fuera preciso. Es casi imposible hacer que sus mudos lamentos se conviertan en llantos y brazos abiertos. Si se cierra y no quiere ceder, nada va a hacer que su opinión cambie, que su forma de pensar varíe, que su pesimismo mengüe. No existe nada lo suficientemente bueno como para lograr tal hazaña, tal acto heroico, tal futuro trofeo. No hay nada que pueda hacer que una persona con esos sentimientos, y a falta de los mismos, abra los ojos para percatarse que el mundo está hecho para nosotros, que el mundo no es tan cruel como discurre, ni tiene tantas trampas como a ella se le ocurren.
Y sé que nada puede ayudarla, que por muchos granitos que todos pongan el granero desaparecerá en un pequeño suspiro, pero el miedo al rechazo no me turba, no me enloquece.
Voy a seguir callada, voy a seguir negando lo evidente, pareciendo sonriente; no voy a dejar de ser esclava de mi mente y cómplice de mi corazón, amante sangrante, cuerpo sin decisión.

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