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viernes, 8 de junio de 2012

No puedo sacar fuerzas de ningún lugar

Si supieras todo lo que sería capaz de dar por tenerte ahora a mi lado te resultaría increíble.
No te haces una ligera idea de cómo me siento. No quiero sonreír, no quiero estar feliz, quiero estar sola y encerrarme en mi mundo, quiero dejarlo todo y dedicarme a hacer nada, quiero rendirme y tirar la toalla porque este esfuerzo es el más grande que he hecho y el que más lágrimas me está costando.
Y no, no digáis que lo entendéis porque es casi imposible.
¿Sabéis que? Me levanto cada mañana pensando en que me queda un día menos para hacer algo tan simple como mirarle mientras le hablo. Acostumbro a dormir apoyada sobre el lado derecho del cuerpo porque así es como duermo con él cuando milagrosamente le tengo a mi lado. Ha habido momentos que le he llamado para que me ayudara a hacer algo, para que viniera a cenar... Pero yo no obtenía respuesta y eso me hacía querer llorar.
¿Alguna vez habéis tenido que esperar dos o tres meses para abrazar a vuestra pareja? ¿Alguna vez os ha faltado más de cuatro o cinco semanas y habéis sentido como si se os cayera el mundo encima?
No, y yo ya no sé de dónde sacar fuerzas para seguir adelante de esta manera.

jueves, 7 de junio de 2012

Propera

Sé de muy buena mano que eso de ser positiva nunca ha sido mi fuerte. Nunca se me ha dado bien sonreír sin motivo, ni pensar que los problemas pueden solucionarse. Siempre he creído que todo es aún más complicado que cómo lo vemos, que las discusiones no entienden de reconciliaciones y que las despedidas son eternas.
Pero desde hace poco tiempo atrás mi manera de pensar ha dado un giro y ha cambiado a mejor. Ahora me doy cuenta de que soy capaz de valerme por mí misma aunque necesite de otras personas para sentirme plenamente feliz; me doy cuenta de que tengo más apoyos de los que creía tener y que aunque sigan siendo pocos valen más que todos los demás juntos.
Y me gusta. Me llena de satisfacción poder decir 'hoy estoy bien' y saber que es verdad.
Echaba de menos esta sensación de independencia.

lunes, 4 de junio de 2012

Introducción a mi novela.

El trigésimo primero en EEUU, con una dimensión de cuatrocientos diez mil kilómetros cuadrados, como ciudad más poblada tiene a Los Ángeles, además, es el estado que mayor número de habitantes concentra, entre treinta y ocho y cuarenta millones; sí, hablamos de California.
Y entre tanta gente, tantas razas, tantas religiones y tantas hablas diferentes, destacará casi de forma anónima una de las mejores estudiantes de la escuela de Oakland, Chrystal Allenwood.
Chrystal cumplirá en unas semanas los diecisiete, algo que en verdad no le hace ilusión, ni le alegra, ni siquiera desea que llegue el día, ese día veintinueve de junio en el que el paso a la universidad lo tenga a tan solo un año de distancia. Prefiere centrarse en sus presentes estudios, seguir sacando sobresalientes sin bajar del ocho y medio, dedicarse a su futuro, a lo que como ella dice ‘le dará de comer cuando todos los demás pasen hambre’. De hecho, su padre, que es quien obtuvo la custodia de la chica a partir de la muerte de su madre cuando ella tenía apenas los seis años, le ha inculcado esa educación y esos ideales desde bien pequeña, éstos se han llegado a plasmar de tal forma en su mente que no hace otra cosa que encerrarse en sí misma y estudiar incluso materias que no están dentro de lo que son sus optativas. Problemas como lo increíblemente introvertida que es, lo tímida, lo callada, incluso lo inteligente, le han hecho convertirse en el punto de mira de toda la clase. Bolas de papel, chicles bajo la mesa, pintura en la silla, burlas, gritos, insultos y empujones, es lo que recibe de sus compañeros y tiene que aguantar desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde que termina su horario de estudio en la escuela. Además de todo esto, Chrystal no tiene relación con nadie de allí, no tiene amigos y nunca ha tenido novio, por lo que su padre es algo así como su mejor amigo. No tiene hermanos, así que vive sola con él en un apartamento más bien pequeño casi a las afueras de la ciudad de Oakland. Adora vivir en un lugar apartado del centro, pues se estresa con facilidad ante tanta contaminación acústica, tantos coches y tantas personas caminando de un lugar a otro como si no tuvieran una ruta precisa, ella dice que toda esa gente son como ovejas que se dejan guiar e influenciar por los medio de comunicación y algún que otro alto cargo corrupto. Dice que hacen lo que les dicen y tal y cómo se lo dicen, y si Chrystal se caracteriza por algo es por lo inconformista que puede llegar a ser. Su padre y ella llevan una relación muy estrecha en la que hablan de cualquier tema casi sin miedo alguno, se cuentan lo poco interesante que hay en sus vidas y el demás tiempo lo pasan cada uno haciendo lo suyo, ella estudiando y él trabajando como limpiador en una de las cadenas de supermercados más importantes de California, que aunque no gana mucho, les sirve para subsistir.
Tal vez sea ese modo de vida tan monótono lo que le ha hecho caer en una ‘soledad’ como la suya, en un querer apartarse de todo aquel que le rodea, en un encerrarse dentro de sí, y no salir bajo ningún concepto.

viernes, 1 de junio de 2012

Te extraño demasiado...

Hoy, y desde hace tan sólo poco más de una hora, te necesito aún más de lo habitual.
Podría decir que la envidia es un sentimiento que complica mi supuesta capacidad de poder vivir sin ti a mi lado. Tantas manitas, tantos abrazos, tantas palabras dulces, tantas miradas y tanto amor. Tanto todo que logran que sienta que no tengo nada. 
Te echo de menos, aunque no sólo a ti. Echo de menos todo lo que tiene que ver contigo, tu voz, tu risa, tus ojos, tus abrazos, tus noches en las que yo ocupaba el papel protagonista, tus palabras que aún se repiten en mi cabeza... Tú, nosotros. 
Pero pese a saber desde un principio que esto iba a ser así, a mí me importó poco, y aún lo hace. Porque cada día que pasa, dejando a un lado los lamentos, es un día menos que me queda para tenerte de nuevo. 
Quiero verte. Deseo verte. Necesito verte. Siento ansias por verte. Por verte delante mío, abrazándome. 
Lo peor de todo esto es que las palabras no son suficientes. Ahora mismo lloraría un millón de lágrimas y gritaría al mundo que sin ti no puedo, pero tengo que poder, tengo que poder seguir adelante y aguantar como siempre he hecho. Porque dicen que llorar no es de cobardes, sino de valientes que no tienen miedo de expresar sus sentimiento. A mí aún me falta coraje.