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lunes, 19 de noviembre de 2012

That's why I am crying.

-Últimamente pareces triste, ausente, como si te ocurriera algo. ¿Qué te pasa?
+¿Que qué me pasa? ¿De verdad te crees capaz de preguntar algo así aun sabiendo que la respuesta me llevará horas? 
Hace tanto tiempo que finjo ser feliz que he llegado a un punto en el que no consigo ni aparentarlo ni serlo. ¿Y por qué no soy feliz? Porque si enumero todos y cada uno de mis problemas tendría que usar letras además de números. Porque hay momento en los que siento que estoy sola y otro en los que sólo siento que no siento ni soy nada. Porque de vez en cuando me dan ganas de llorar y no tengo motivo. Porque cuando pienso ese motivo me doy cuenta de que es aquel que se suponía que ya había olvidado. Porque dije que me mantendría fuerte y que lucharía por mí misma y por seguir adelante con una sonrisa, pero no, querer no siempre es poder, y menos todavía si te obstaculizan el camino. 
No soy feliz porque olvidé lo que era el cariño y la dulzura, los abrazos a destiempo, los besos entre susurros y las lágrimas a causa de la risa. 
Vivo pensando que la felicidad existe y que no está hecha para mí, que no estoy a la altura de alcanzarla. Vivo creyendo que no tengo a nadie, que estoy sola, que soy algo así como una oveja negra para todos aquellos que me rodean. Siento si soy seria, si no me río de los chistes o ni siquiera los entiendo. Siento si a veces parezco una piedra sin sentimientos, si te vi llorar y no lo hice contigo, si reprimí las ganas de darte un abrazo. Siempre intento permanecer fuerte frente a todas las personas que conozco; las que me conocen saben cuando finjo estar bien, las que no sólo se alegran por ese buen día que he dicho que tengo cuando es mentira. 
No puedes preguntarme qué me pasa, no puedes tratar de hacer como si te importara si lloro o sonrío, si grito o callo, si corro o camino. Si no entiendes el por qué de mis lágrimas, de mis sonrisas, de mis gritos, de mis silencios, de mis huidas ni de mis desaceleraciones, tampoco tienes derecho a entender qué me ocurre y qué es lo que me hace ser tan infeliz.

domingo, 18 de noviembre de 2012

I'm tired of being tired.

No sé cuando empezaste a hacerme tanto daño. Puede que fuera cuando preferiste pronunciar aquel ''hasta aquí hemos llegado'' en lugar de un ''te quiero''. Sin embargo, eso no dolió tanto como el recuerdo duele ahora.
Estoy tan cansada de soñar que aún te importo, de pensar que me echas de menos, de darme cuenta de que nada es como espero que sea... Empiezo a creer que realmente esto ha pasado de amor a obsesión, antes no me hacía tanto daño, antes no pensaba en ti, antes no quería que me quisieras; pero apareciste una vez más, después de casi dos meses, y de nuevo rompiste reglas, esquemas y mi corazón en mil y un pedazos.
Hasta que te conocí era suficiente con saber que algún día encontraría el amor, cuando hablé contigo comencé a darme cuenta de que ese amor que yo buscaba no entendía de distancias, ni de cuerpos ni de edades. Y entonces, al enamorarme, al sentir que había encontrado aquello con lo que todos soñamos; aquello que nos haga sentir bien, aquello que sepa hacernos sonreír, aquello que nos abrace y nos diga que todo cambiará a mejor, aquello que sepa discutir así como saber encontrar después una solución.
Pero no me sirvió de nada. Hablar contigo, escuchar tu voz, sonreír, reír, ser feliz, abrazarte, contar los días que debía esperar para hacerlo de nuevo, pensar en todos los lugares que visitaríamos, pasar noches en vela, días eternos sin ti, semanas más cortas que un suspiro a tu lado...
Dime ¿por qué no pudiste hacerlo bien? ¿Por qué me dejaste equivocarme tantas veces? ¿Por qué quisiste hacerlo más complicado? ¿Por qué después del adiós apareciste una vez más? Nadie te había llamado, nadie te estaba esperando, yo intentaba no pensar en ti, no echarte en falta.
Y ahora, ahora que hace 8 días que hablé contigo por última vez, ahora que hace 8 días que sueño contigo noche tras noche, ahora que llevo aguantando 8 días las ganas de llorar, ahora te pido que reaparezcas una vez más porque aunque no voy a poder aguantar las lágrimas, voy a sonreír sobre ellas. Tu voz es suficiente para hacerme feliz, aún sabiendo que ya no escucharé más un te quiero.


sábado, 10 de noviembre de 2012

No pienses, arriesga.

Arriesgarse forma parte de la vida. No podemos negarnos a que llegará el día en que nos veamos obligados a marcharnos, a decir adiós, a pedir perdón o a rogar que regrese.
''El que no arriesga no gana'' dicen, ''pero tampoco pierde'' responden. Se equivocan.
Yo siempre he tenido en mente que el que no arriesga está perdiéndolo todo. ¿Y si dice que sí? ¿Y si te sorprende? ¿Y si detrás de todo lo negro y oscuro del asunto hay alguien esperándote para hacerte la vida más sencilla? ¿Y si ese nuevo lugar puede regalarte la felicidad que nunca has conocido? 
No pienses, actúa, guíate por lo que te dicte el corazón, camina hacia delante, no mires atrás, haz caso de tus impulsos, piensa con la cabeza en contadas ocasiones, sonríe aun sin ganas, enamórate de sus labios, vive aquí, vive allá, no te detengas ante las lágrimas, sé feliz y no te veas nunca obligada a preguntarte ''¿qué hubiera pasado si..?'' 

Stand up.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Olvidé escribir con la cabeza. Hola, dolor.

Cuando intentes que sienta ese incómodo hormigueo en el estómago y no consigas nada, lo recordarás. También cuando quieras que te diga lo bien que besas y cómo le gusta que lo hagas de repente, sin avisar y con dulzura.
Y en el momento en que, aunque no lo sepas, él se dé cuenta de que ha perdido más de lo que ha ganado, entonces será cuando me repita a mí misma una y otra vez aquello que es tan cierto. Porque no te va a sonreír con la misma cara de bobo que a mí, porque no va a susurrarte todas esas cosas bonitas que me dejaban sin palabras, porque no va a poner fecha para vuestra boda, porque no va a hacer junto a ti una lista de nombres para los futuros hijos.
¿Sabes qué debes recordar? Que no es mejor cazador el que más caza sino el que mejor conoce a su presa.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Borrar y añadir problemas: cuestión de uno mismo.

Cuando me dijeron que el amor era difícil no esperaba llorar todas las noches por alguien que hace sonreír a otra.
Entre suposiciones y pensamientos me hacía a la idea de aquellos problemas que pudieran surgir en una relación, sin embargo, la distancia no se encontraba en la lista, y tampoco el querer y no poder.
Y ya que esos malditos kilómetros no eran nada para mí, decidí aprender a borrarlos, y tú y tu corazón me enseñasteis a hacerlo.
Y ya que siempre he pensado que querer es poder y que todo es cuestión de luchar hasta dejarse el alma, lo hago, a pesar y a sabiendas de que sé que tengo las de perder.
Prefiero arriesgarme que arrepentirme y quedarme con la duda de qué habría pasado si lo hubiera intentado.

martes, 6 de noviembre de 2012

Vive, no sueñes.

Hubo una vez en la que no supo cómo reaccionar y sus sentimientos se congelaron durante unos momentos.
Se sentó en la cama y con la mirada clavada en el suelo intentó pensar en algo alegre, algo que la hiciera feliz, es su habitual forma de reprimir las lágrimas. Y no llegaron a pasar más de veinte segundos cuando aquello que soñaba despierta se convirtió en realidad, y él, con una media sonrisa que más demostraba nerviosismo que alegría, se agachó delante de ella y tomó en papel de obstáculo en la nada que ella miraba.
''Quiero que sonrías'' decía con sinceridad. Sin embargo, su pequeña estaba demasiado abstraída como para hacer caso a sus palabras.
''¿Qué te pasa?'' le preguntaba una vez tras otra en tono serio y preocupado. Pero ella continuaba callada.
Entonces se cansó de pedir peras al olmo y, aún estando en cuclillas, hizo algo de fuerza sobre los dedos de los pies, aumentó su altura en unos cuantos centímetros y rodeó con los brazos el cuerpo de aquella que quería hacerse la muda.
Cerró los ojos y dejó de soñar. Los abrió de nuevo y siguió viviendo. Sonrió por fin y le susurró: ''ahora ya no me pasa nada''.

lunes, 5 de noviembre de 2012

No me ayudas a olvidarte.

No puedo explicarte cómo me he sentido al escuchar tu voz después de más de un mes porque no tengo palabras suficientes.
¿Crees que puedes irrumpir en mi vida de esta manera? Cuando creo que estoy olvidando todo lo que tiene que ver contigo apareces de nuevo y ríes con mis chistes, me llamas de maneras que sólo tú y yo vemos como cariñosas y me dices que no es lo mismo el hecho de que hayas llamado ahora y que antes no me extrañaras.
¿Crees que puedo concentrarme en vivir para mí? No, no puedo. En lugar de eso no dejo de recordar momentos que han sido nuestros y que sólo nosotros conocemos.
Y sí, siendo sincera, si ahora mismo estuvieras delante de mí te llevarías un bofetón tras otro en la cara; sería la única manera de descargar toda la tristeza que dejaste en mí.
Aún así, te seguiría queriendo. Y lo haría porque has sido tan importante en mi vida y te he llegado a querer de una manera tan fuerte que casi de ninguna forma voy a olvidar tus besos y tu sonrisa.
Quiero olvidarte, pero hoy, que haríamos 19 meses, has roto todos mis esquemas una vez más, y esa llamada a la madrugada sólo me ha devuelto el daño que ya había sentido antes..

domingo, 4 de noviembre de 2012

Esto son mentiras.

Lo he superado. Vivo feliz. Nunca me acuerdo de ti. No extraño tus besos, ni tus abrazos, ni tus te quiero, ni tu forma de hablar, ni tus expresiones peculiares. Tan sólo me vienes a la cabeza cuando sale esa provincia de la que tú eres en la televisión. He olvidado desde tus apellidos, hasta tu fecha de nacimiento y tus colores favoritos. No estoy pendiente de si hablan de ti, ni lanzo indirectas a tus amigos para que me digan lo que haces últimamente. No me duele que la beses a ella porque ya no te quiero ni necesito que me llames cada noche para recordarme que me echas de menos.
No quiero verte nunca más, de hecho nunca miro fotos tuyas ni me leo de arriba abajo conversaciones que teníamos hace meses. 
¡Ah, se me olvidaba! No pienses que volvería contigo mil y una veces más, porque el daño que me has hecho no lo olvido por nada del mundo, ni mensajes con frases bonitas, ni besos de esos que hacen sentir especial. 
No, no, yo ya no te quiero.

sábado, 3 de noviembre de 2012

La libertad de unas alas.

El sueño ha sido libertad. Corazones fervientes, alas majestuosas, plumas que más parecían diamantes, finales tristes y lágrimas inconscientemente dolorosas.
Todo comenzó una mañana en la que, como si fuese algo cotidiano, apareció en aquel lugar lleno de grandes ventanales abiertos. Era un edificio sin mobiliario alguno, tan sólo había ventanas, cortinas y escaleras.
Subió esos escalones que daban al segundo piso, el cual también era el último, y segura de sí misma entró en la primera habitación sin puerta ni marco que podían ver sus ojos. Un escalofrío sacudió su cuerpo y tuvo que luchar contra sus instintos por no dejar florecer sus enormes alas blancas; lo consiguió, y aún teniendo que soportar el dolor de espalda que le provocaba reprimir aquello, se encaramó al cuello del primer hombre trajeado y con sombrero que en la habitación estaba.
Le propició patadas, mordiscos y de alguna manera, sin saber cómo, terminó con su vida en apenas un par de minutos. Y entonces, cuando se encontraba tendida en el suelo sobre su víctima, se sorprendió reconocer los pies y piernas de alguien, que además de ir descalzo y ser un hombro, debía estar sentado. Se precipitó a incorporarse y en el momento en que estuvo apunto de asestarle un buen puñetazo en la cara se le encogió el corazón. Era él ¿quién sino? Estaba lleno de magulladuras, arañazos y heridas en las manos y en la cara. Se acercó a él con rapidez para examinar su estado: no había replegado las alas y éstas se apretaban contra el imponente sillón negro sobre el que reposaba. Eso debía de doler, ella ya lo había sufrido antes, lo sabía de buena mano.
Entonces le tomó de la mano que más sana parecía y tiró de ese mismo brazo para sujetarlo y poder llevarlo a algún lugar mejor. su amigo de toda la vida, casi inconsciente, se sostenía malamente sobre la punta de los dedos de los pies; caminaba a paso muy lento y suspirada y gemía cada vez que sentía ese horrible pinchazo en el costado izquierdo.
-Guarda las alas, no sufras más. Sabes que como humano es más sencillo curarte.
Él, tras pocos minutos y con mucho esfuerzo, replegó las alas y de ellas sólo quedaron unas cuantas plumas sobre todos los hombres que habían sido abatidos en esa habitación, media docena al menos.
Apenas un rato después él ya tenía los ojos abiertos, las heridas cerradas, la mente tranquila, y como ella, el corazón sobrecogido.
-Tú también estabas herida, ¿estás bien?
-Sí, claro que sí... Sabes que siendo capaz de tenerlas en la espalda y no fuera en seguida se desvanece cualquier rasguño.
El ángel asintió y acto seguido esbozó una pequeña y media sonrisa que logró que su amiga se tranquilizara. Éste le imitó y relajó todos los músculos hasta el punto de dejar caer los brazos a ambos lados de su cuerpo y bajar los hombros como signo de sosiego.
No transcurrió demasiado tiempo cuando ambos, que ya estaban frente a los grandes ventanales del primer piso, salieron volando y planeando. Era fascinante la forma en que esas níveas alas centelleaban con los rayos del sol que se reflejaban en el agua creando dibujos abstractos. Sin embargo, era aún mejor la sensación de libertad que les provocaba a ellos esa libertad.
Parecía que bailaban con la brisa del verano, los peces se amontonaban en la superficie de las aguas del río para poder ver la escena. Pero pronto cambió todo.
Se respiraba tensión y decidieron separarse para no ser pasto de aquellos hombres. Se hizo de noche y en el techo del mismo lugar en el que habían estado por la mañana una sombra deforme se movía y tambaleaba. Ella la miraba desde un paraje a la orilla del río lleno de maderas, fango y alguna que otra piedra grande y maciza. El nerviosismo y el miedo hicieron que extendiera las alas instintivamente a uno y otro lado de la espalda. Las plumas brillaban, pero no eran las únicas; en el tejado del edificio que tenía apenas a cincuenta metro, su amigo, más luminoso y espléndido que nunca estaba dando nombre a aquella sombre amorfa.
Impulsándose sobre los pies descalzos y batiendo con fuerza y agilidad las alas intentó llegar hasta él, pero cuando estaba a medio camino cayó desde la techumbre y desapareció en el agua todo rastro o huella que podría haber quedado del joven ángel.



jueves, 1 de noviembre de 2012

Siempre recaigo en la misma piedra.

Me duele no hablar contigo cada noche. Me duele no poder recordarte que te extraño, que te adoro y que eres mi primer y único amor. Me duele saber que prefieres besar a otra y que mis labios ya no son nada para ti. Me duele darme cuenta de que ya no soy tu libro favorito, de que dejaste de querer escribir más páginas en nuestras historia. Me duele que no supieras darme una segunda oportunidad, que obviaras mis súplicas, que arrastrarme no sirviera de nada. Me duele que no te arrepientas de haberme dejado y aún hace más daño que encontraras a otra cuando yo aún me esforzaba por salvar lo que estaba más que acabado.
Me dolió que no entendieras que estábamos hechos el uno para el otro. Me dolió que no me dejaras demostrártelo. Me dolió que me quitaras el escudo y la espada para atravesarme con esta mil veces.
No me dejaste luchar por lo que quería, ni siquiera me diste permiso para ahogar los problemas que nos estaban matando. En ningún momento quise ser tu heroína, pero tú sin quererlo pasaste a ser mi héroe ideal y perfecto. 
Sé que no he sido tu ''alguien esencial'', tu ''sin ti no puedo vivir'', tu ''haría lo que fuera por estar al lado tuyo ahora mismo''; pero ¿sabes qué? Tú has sido mucho más que eso a los ojos de mi corazón, has sido todo por lo que he luchado, por lo que he seguido adelante, por lo que me he levantado con una sonrisa después de cada caída y cada tropiezo, y a cambio sólo he recibido piedras y más piedras. 
No voy a decir que me arrepiento de haberte conocido, de amarte, de extrañarte, de querer besarte y abrazarte cada puta noche; pero de haber podido elegir, no hubiera tropezado contigo. 

-Love is pain.-