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sábado, 3 de noviembre de 2012

La libertad de unas alas.

El sueño ha sido libertad. Corazones fervientes, alas majestuosas, plumas que más parecían diamantes, finales tristes y lágrimas inconscientemente dolorosas.
Todo comenzó una mañana en la que, como si fuese algo cotidiano, apareció en aquel lugar lleno de grandes ventanales abiertos. Era un edificio sin mobiliario alguno, tan sólo había ventanas, cortinas y escaleras.
Subió esos escalones que daban al segundo piso, el cual también era el último, y segura de sí misma entró en la primera habitación sin puerta ni marco que podían ver sus ojos. Un escalofrío sacudió su cuerpo y tuvo que luchar contra sus instintos por no dejar florecer sus enormes alas blancas; lo consiguió, y aún teniendo que soportar el dolor de espalda que le provocaba reprimir aquello, se encaramó al cuello del primer hombre trajeado y con sombrero que en la habitación estaba.
Le propició patadas, mordiscos y de alguna manera, sin saber cómo, terminó con su vida en apenas un par de minutos. Y entonces, cuando se encontraba tendida en el suelo sobre su víctima, se sorprendió reconocer los pies y piernas de alguien, que además de ir descalzo y ser un hombro, debía estar sentado. Se precipitó a incorporarse y en el momento en que estuvo apunto de asestarle un buen puñetazo en la cara se le encogió el corazón. Era él ¿quién sino? Estaba lleno de magulladuras, arañazos y heridas en las manos y en la cara. Se acercó a él con rapidez para examinar su estado: no había replegado las alas y éstas se apretaban contra el imponente sillón negro sobre el que reposaba. Eso debía de doler, ella ya lo había sufrido antes, lo sabía de buena mano.
Entonces le tomó de la mano que más sana parecía y tiró de ese mismo brazo para sujetarlo y poder llevarlo a algún lugar mejor. su amigo de toda la vida, casi inconsciente, se sostenía malamente sobre la punta de los dedos de los pies; caminaba a paso muy lento y suspirada y gemía cada vez que sentía ese horrible pinchazo en el costado izquierdo.
-Guarda las alas, no sufras más. Sabes que como humano es más sencillo curarte.
Él, tras pocos minutos y con mucho esfuerzo, replegó las alas y de ellas sólo quedaron unas cuantas plumas sobre todos los hombres que habían sido abatidos en esa habitación, media docena al menos.
Apenas un rato después él ya tenía los ojos abiertos, las heridas cerradas, la mente tranquila, y como ella, el corazón sobrecogido.
-Tú también estabas herida, ¿estás bien?
-Sí, claro que sí... Sabes que siendo capaz de tenerlas en la espalda y no fuera en seguida se desvanece cualquier rasguño.
El ángel asintió y acto seguido esbozó una pequeña y media sonrisa que logró que su amiga se tranquilizara. Éste le imitó y relajó todos los músculos hasta el punto de dejar caer los brazos a ambos lados de su cuerpo y bajar los hombros como signo de sosiego.
No transcurrió demasiado tiempo cuando ambos, que ya estaban frente a los grandes ventanales del primer piso, salieron volando y planeando. Era fascinante la forma en que esas níveas alas centelleaban con los rayos del sol que se reflejaban en el agua creando dibujos abstractos. Sin embargo, era aún mejor la sensación de libertad que les provocaba a ellos esa libertad.
Parecía que bailaban con la brisa del verano, los peces se amontonaban en la superficie de las aguas del río para poder ver la escena. Pero pronto cambió todo.
Se respiraba tensión y decidieron separarse para no ser pasto de aquellos hombres. Se hizo de noche y en el techo del mismo lugar en el que habían estado por la mañana una sombra deforme se movía y tambaleaba. Ella la miraba desde un paraje a la orilla del río lleno de maderas, fango y alguna que otra piedra grande y maciza. El nerviosismo y el miedo hicieron que extendiera las alas instintivamente a uno y otro lado de la espalda. Las plumas brillaban, pero no eran las únicas; en el tejado del edificio que tenía apenas a cincuenta metro, su amigo, más luminoso y espléndido que nunca estaba dando nombre a aquella sombre amorfa.
Impulsándose sobre los pies descalzos y batiendo con fuerza y agilidad las alas intentó llegar hasta él, pero cuando estaba a medio camino cayó desde la techumbre y desapareció en el agua todo rastro o huella que podría haber quedado del joven ángel.



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